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Jueves, 17 Agosto 2017 11:29

El bar Noray de El Portil se convierte para nativos y foráneos en nuestra segunda casa en verano

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Cuánta razón llevan cuando dicen que los chiringuitos y bares de verano son como la segunda casa. Y es verdad, máxime cuando estos espacios se convierten en punto de encuentro, para nativos y foráneos que suelen descansar en nuestras costas.

Desde muy temprano estos establecimientos toman vida, donde el veraneante, o al menos eso me acontece a mí con el bar Noray de El Portil, que regenta el matrimonio amigo formado por Loli Romero y Juan Mayorga, más que un emplazamiento dónde tapear y tomar unas cervezas, que también, te encuentra con un lugar confortable en el que sentirse como en casa, relajarse y compartir experiencias durante las vacaciones e incluso mini tertulias, hecho que nos ocurre a mi mujer, Lola Montero, y a mí con este negocio.

No en vano, en este tipo de cervecería la relación con el cliente es diferente a la de un bar o restaurante al uso,  ya que hay que tener en cuenta que el tiempo que se pasa es mucho mayor. De hecho, existe quien se sienta a desayunar, leer la prensa y algunas veces empalma con la hora del aperitivo. Sin duda, y valga la redundancia, entiendo que uno de los secretos para esta estrecha relación que mantengo con Juan y Loli y como no, con sus camareras y cocineras Cinta Orta Castilla, Mónica Serban y Elena Pipió Galé, a las que podemos ver en la imagen que ilustra esta sección, está cimentada en la confianza que me generan, por no hablar de la exquisitez y amabilidad que tienen a la hora del servicio.

Pero no sé porqué me da que este verano podría ser el último para poder disfrutar de este emblemático establecimiento que tiene abiertas sus puertas desde 1992. Y lo digo porque observo que sus propietarios, en ocasiones, les veo cansados de estar atrapados en la espiral de un negocio que asfixia pero no ahoga, pero que les tiene muchas horas encerrados en la rutina del café y el aperitivo de media mañana, para continuar con los menús del mediodía o la cena por la noche. Sin olvidar que los años van pesando, aunque todavía no tienen edad para jubilarse, máxime cuando son autónomos, además que como dice Loli, aún queda hipoteca que pagar, que si no otro gallo cantaría. Pero me da el tufillo por las conversaciones que tengo entre cervezas y cervezas, que si les llegase una oferta de alquiler estarían dispuestos a marcharse para casa y descansar, qué bien merecido se lo tienen. Eso sí, no sé qué acontecerá el próximo verano, pero estoy seguro que si cambiase la propiedad, ya nada sería igual.

Félix B. Camacho

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