Viernes, 05 Mayo 2017 12:04

Reencontrarse con los amigos de la infancia, todo un placer

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Si volvemos la vista atrás y viajamos por unos segundos a nuestra niñez, quizás, ahora con el paso del tiempo, recordemos con nostalgia a aquellos viejos amigos de la infancia con los que tantas tardes de juegos compartimos. Seguramente algunos, los menos, sigan formando parte de nuestra vida y de nuestro círculo íntimo de amistades, la otra mayoría estará de por vida en nuestro álbum de los recuerdos. Sin embargo, es algo lógico, pues a medida que uno crece vas dejando atrás a los amigos del pasado por una cuestión de lógica. Los destinos de cada uno toman rumbos diferentes. Pero no es menos cierto, que los elegidos siempre están ahí, da igual el tiempo y la distancia. Como verán mis queridos lectores de esta vuestra sección semanal, hoy he comenzando con nostalgia y ello viene dado porque este pasado fin de semana viajé  junto a mi mujer, Lola Montero, a mi Constantina natal con motivo de la boda de Ernesto y Mariló, esta última hija de mis buenos  amigos de la infancia José Antonio Cuevas ‘Chico’ y Dolores Caneo. Probablemente algunos penséis y con razón que esta ventana que abro semanalmente suele estar dedicada a protagonistas onubenses. Pero qué quieren que les diga, pienso que esta efeméride es una excusa maravillosa para romper las normas y viajar a un tiempo en que una de las preocupaciones más importante era saber dónde montábamos el próximo guateque. Y poderme reencontrar  en el citado evento con amigos como Rafael Muñoz y Robledo Quintana, que aunque hacía muchos años que no coincidíamos, y poder palpar que con ellos siempre hay algo que nos une, diría más, que la amistad que comenzó en la adolescencia ha ido creciendo a medida que pasan los años pese a no vernos en décadas. A partir de ahora y dado que las largas jornadas laborales ya van de paso entre nosotros, espero y deseo que podamos captar imágenes como la que ilustra esta sección y repetir más veces esos ratos inolvidables que he podido disfrutar el pasado fin de semana.

Qué decir del enlace de Ernesto y Mariló, dos jóvenes que han programado al milímetro, junto a sus familias, todo el acontecimiento para que no faltara un detalle, e incluso se marcaron un hermoso gesto. Quisieron que el dinero que iban a emplear en obsequiar a sus anfitriones con un recuerdo, algo simple y que al final se queda en tan sólo un objeto, destinarlo al apadrinamiento de Saury un niño hondureño de 7 años, que seguro que siempre recordará su unión. No me diga mis seguidores que nos es hermoso que del amor se ofrezca ya esperanza de vida. 

 

Modificado por última vez en Viernes, 05 Mayo 2017 13:47
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