Lunes, 20 Marzo 2017 19:34

José Enrique Escobar celebra su 64 aniversario lleno de felicidad e ilusión

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Aunque las fiestas de cumpleaños son muy populares entre los niños. Yo diría que cada día más y que, poco a poco, se están convirtiendo en todo un evento en que no pueden faltar los payasos, magos, animadores, globos,… qué sé yo, que los padres tiran la casa por la ventana y ofrecen todo lo imaginable para hacer felices a los peques, no es menos cierto, que entre los adultos también se festejan cada día más, pues es una oportunidad más para socializar con los amigos y la familia. Allá quedó la tarda de chocolate con galletas que nuestra madre hacía con toda su pasión para recordarnos que íbamos para arriba. Sirva este largo preámbulo para presentarle al protagonista que se asoma hoy a esta, vuestra ventana semanal, mi buen amigo José Enrique Escobar Muñoz, que no necesita que ocurra un acontecimiento de esta índole, ya que para él cualquier día es bueno para montar un sarao. Eso sí, tampoco desaprovecha una jornada tan especial como es el día de su nacimiento para celebrarlo. Y el pasado jueves, cuando subía para casa, me lo encontré en una de las terrazas de la avenida de Pablo Rada de nuestra capital, junto a su encantadora esposa, Carmen Díaz Carvajal, la hija de ambos, Esther, y los amigos Xemary Rodríguez, Eva Dacosta y Esther Pérez López, con los cuales ya estaba haciendo el precalentamiento para la gran fiesta. Con todos ellos estuve un ratito y, además de compartí una cervecita, aproveché para conversar con el anfitrión y por aquello que sólo  nos llevamos unos meses, le manifestaba que cumplir 64 era una putada. Dejándome claro que efectivamente una putada pero “maravillosa” y llevaba razón. Porque aunque muchas veces no nos damos cuenta, si hay algo que enriquece nuestra alma es precisamente la felicidad, la ilusión por todas las insignificancias de esta preciosa vida, la emoción por vivir cada segundo con las personas que tienes al lado. No hay mejores arrugas que las trabajadas durante años repartiendo sonrisas. El arte de cumplir años lo desarrollan sólo aquellas personas que encuentran cada aniversario un motivo para sonreír, un motivo para celebrar, un motivo para dar gracias a la vida y José Enrique lo tiene claro. Así que me despedí de él emplazándonos para vernos más a menudo y aprovechar el presente, ya que si en la juventud corríamos tras los sueños, a los 64 sólo pensamos en aprovechar el momento para ya no correr si no para hacerlos realidad, disfrutar de cada instante que nos regala este corto paseo por la vida y, lo que es más importante, conseguir ser felices. Amigo que fue un placer estar con todos vosotros y disfrutar de toda la  alegría que transmitís.

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