Lunes, 15 Agosto 2016 11:03

La familia Zurdo-Serban, encantada con la llegada de Sofía

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Cuánto ha cambiado la imagen de los abuelos. Sin duda hay variaciones generacionales fácilmente contrastables. Los abuelos ya no son personas ancianas, actualmente son más jóvenes, activos y normalmente en plenitud profesional. Este es el caso de Mónica Serban, una joven abuela de nacionalidad  rumana que lleva varios años afincada en Huelva y que estos días, mientras tomaba una cerveza en el bar Noray de El Portil, donde ella trabaja de cocinera, me presentaba con orgullo a su primera nieta Sofía Zurdo, que con tan sólo mes y medio es toda una princesita. En la imagen que ilustra esta sección podemos ver a tres generaciones de mujeres, por cierto todas ellas bellísimas: Mónica (abuela), María (mamá), y la pequeña Sofía.

María me comentaba que tanto ella como su chico, Antonio Jesús Zurdo López, están encantados con la llegada al mundo de Sofía. Y por aquello que el papá es de nacionalidad española y ella rumana quise saber en qué idioma les hablaban, comentándome María que cada uno tira para su lado, por lo que la niña será bilingüe. Lo que sí me dejaba claro es que la abuela Mónica está como loca con la chiquitina y que nada más que finaliza la jornada laboral se acerca a su casa para verla, cogerla en brazos, mimarla, besarla y acariciarla. Por su parte, Mónica me decía que si no tuviese obligaciones laborales estaría todo el día paseando a su nieta y jugando con ella, pues el nacimiento de su nieta ha sido el mejor regalo que ha recibido, y que está como loca de que acabe el periodo estival para poder disfrutar sus merecidas vacaciones y tener  más tiempo para poder estar junto a su pequeñina. En definitiva, que el ratito que pude conversar con María y especialmente con Mónica pude apreciar que la llegada de un nieto es un momento decisivo en la trayectoria vital de las personas, seguro que no modifica la vida, como lo hace el nacimiento de un hijo, pero tengo claro, por lo que pude sentir que es una inyección de vida y una fuente de afecto que llega cuando los hijos ya no nos necesitan. 

 

 

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