Lunes, 16 Mayo 2016 15:25

Antonio García Miera, junto a otros dos sevillanos, fundador de la Hermandad del Rocío de Murcia

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Sin duda puedes hacer amigos durante toda tu vida, pero probablemente ninguno serán tan importante como los amigos de la infancia. Cuando eres niño hacer amigos es sencillo; el concepto de amistad que se tiene durante la infancia es muy simple y los sentimientos de rencor y envidia no inundan la mente infantil del mismo modo que lo hacen en la mente adulta. Esos eran mis pensamientos hace unas fechas cuando durante unos segundos volvía la vista atrás y viajaba a mi niñez. Por unos momentos, recordaba con más nostalgia que tristeza a aquellos viejos amigos de la infancia con los que en mi Constantina natal compartí tantas tardes de juegos. Y dirán ustedes, mis queridos lectores de esta vuestra sección semanal, y con razón ¿a qué viene esta reflexión o preámbulo? Sencillamente porque con motivo del Rocío y gracias a las redes sociales había encontrado a un amigo del que no sabía nada entorno a 50 años y con el cual me iba a reencontrar. Y es que el invento del facebook es un localizador magnífico para encontrar a aquella novieta que tuviste y de la que nunca más supiste o aquel compañero de colegio  o algún  anciano profesor al que le debes mucho de lo que has logrado durante tu vida. Vayamos al tema, hace pocas fechas y gracias a otra buena amiga de mi juventud, Pepi Lozano Gallardo, observé que uno de sus amigos, concretamente Antonio García Miera, me pedía amistad, obviamente independientemente a admitirlo como no podía ser de otra forma, me dio muchísima alegría de saber algo del amigo Antonio. Lo primero que hice es rastrear su perfil para saber cómo le había tratado la vida, a una persona con la que hace años compartimos pupitres, juegos y amistad. Y lo primero que me llamó la atención es ver que era un rociero de pro, por lo que al estar cerca de la romería más universal del mundo, le pregunté que pese a que reside en Murcia, si este año venia, comentándome que sí. Por tanto, que mejor momento para reencontrarnos. Y el pasado sábado cogí y marché hasta la aldea almonteña, más concretamente hasta la Casa Hermandad de María Santísima del Rocío de Murcia, y allí, entre una copa de vino y algún cante de fondo, nos reencontramos los dos paisanos y amigos. Y como si no hubiesen pasado 50 años, estuvimos rememorando  aquellos entrañables momentos que vivimos en nuestra infancia. También quise saber que había sido de su vida y el porqué de afincarse en tierras murcianas, manifestándome, mientras se incorporaba a la amena conversación su encantadora esposa, Gloria Andreu Sánchez, que él trabajaba en el Corte Inglés de Sevilla y que fue trasladado a Murcia. Eso sí, me dejaba claro que nunca olvidó sus raíces. Por ello en 1987, junto a otros dos sevillanos, Manuel Ruiz Gil y Luis Sampedro, fundaron la hermandad, teniendo como sede la parroquia de San Francisco Javier San Antón del ‘Padre Joseico’  y desde entonces año tras años embarcan hasta Sevilla, para luego hacer el camino, Umbrete, Benacazón, Villamanrique, Palacios, hasta llegar a la aldea para postrarse a los pies de la Blanca Paloma. Sin duda, echamos un rato de lo más agradable, con el compromiso de volverlo a repetir si la Virgen del Rocío, así lo quiere la próxima romería.

 

 

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