Jueves, 08 Enero 2015 07:42

Ramón Allegue Cabezal, un gallego enamorado de Huelva

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Mucho se ha transformado la festividad de Nochevieja desde el ya lejano 1582 en que se cambió el calendario Gregoriano. Por aquella época se acogía la llegada del año con temor y acritud. Pero desde principio del siglo XIX la festividad del último día del año se celebra de forma diferente, vamos como se merece, con alegría, felicidad y entre amigos. Precisamente, festejando la llegada de 2015 en una terraza del centro de nuestra capital, coincidíamos al mediodía del 31 de diciembre, por cierto, elegantemente vestido de PuroEgo, eso sí, de forma informal, con RAMÓN ALLEGUE CABEZAL, un gallego de PONTEDEUME, que trasladó su residencia a Huelva por amor. Aunque en esta ocasión le encontramos sin su chica, ya que EVA NADEJDA GUTIÉRREZ CORTIZO, que así se llama y con la que lleva cinco años, estaba de guardia en el Hospital Infanta Elena, pues trabaja de residente de tercer año en medicina Interna del citado centro hospitalario y estaba de guardia. Pero como no podía ser de otra forma el amigo ÁLVARO GARCÍA BARROSO y toda su panda ejercieron perfectamente de anfitriones para que se sintiese como en casa, Y entre abrazos, cervezas y brindis por el nuevo año, y una especie de gran ensayo general, denominado “preuvas”, Ramón me transmitía que con gente como Álvaro, que le han inyectado en vena sangre choquera, se sentía como un onubense más. Máxime en Huelva, además de toparse con buena gente, y un clima maravilloso también ha  tenido la fortuna de encontrar trabajo en el lavadero de coches del concesionario Hyundai de nuestra capital, por lo que estaría encantado de asentar su residencia en nuestra tierra. Y por aquello que estuvimos un buen rato conversando, tuve la curiosidad de saber el origen del segundo nombre de su chica,  pues Nadejda, que personalmente me suena a ruso, no es para nada habitual. Comentándome que fue un capricho de su suegro, en homenaje a una canción del cantautor egipcio GEORGES MOUSTAKI. En definitiva, que compartimos un ratito de lo más ameno y nos despedimos con el compromiso de que le haría una visita por su puesto de trabajo, no en vano suelo acudir con alguna frecuencia por el concesionario Hyundai para saludar a mi buen amigo ANTONIO PICÓN, gerente del citado establecimiento, que por cierto y por aquello que se ha convertido en un empedernido viajero, me avanzaba hace unos días que su próximo viaje sería Cuba.

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