Martes, 09 Septiembre 2014 08:52

Rafael y Maribel una pareja de octogenarios muy enamorados

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Personalmente soy de pasear mucho y de observar los viandantes que pululan junto a mí, siempre miro con admiración y quizás con envidia sana, ya que mi madre desgraciadamente falleció muy joven y no ha podido compartir la vejez junto a mi padre, a esos matrimonios compuestos por ancianos que aunque tengan que caminar con la ayuda de un bastón lo hacen cogido de la mano,  además de que muestran gran complicidad detrás de las arrugas de sus rostros. Y créanme si les digo que siempre me he tentado el preguntarle la formula de su felicidad. Pero miren ustedes por donde, estos días coincidía, con una pareja de amigos octogenarios, Rafael Sánchez Guerra y Perera y su encantadora esposa Maribel Moya Domínguez, mientras saboreaban unos churros con chocolate en una céntrica churrería de nuestra capital. Y por aquello que hacía tiempo que no les veía, me senté con ellos un ratito y como no, aproveché la oportunidad de preguntarle la secreto para alimentar el amor con el paso de los años. Me manifestaba Maribel, que cualquier pareja que ha llegado a celebrar las bodas de oro con éxito, algo que en la actualidad no es tarea fácil, pues la gente joven aguanta menos, que la relación es muy diferente y más profunda que al inicio, ya que antaño la pasión era mayor, pero a su vez el grado de conocimiento mutuo de compromiso era menor, y con el paso de los años, vas ganando vivencias, sentimientos, empatía e incluso amistad. Rafael, se expresaba más o menos en el mismo orden, ya que me trasmitía que según se iban emancipando sus hijas, al tener menos responsabilidad, el cuidado mutuo es más esmerado, te vas adaptando mejor el uno al otro, aumenta la tolerancia hacia los defectos del compañero, se aceptan mejor las discrepancias, se comparten más las cosas. En  definitiva, que aunque ambos coincidían en que la comprensión, el dialogo la tolerancia y al afecto, puede ser la clave, aunque también nos manifestaban, que cada pareja es un mundo y que cada cual tiene su secreto. Tampoco quisieron dejar en el tintero lo orgulloso que están, de ver el cariño que les profesan sus hijas y sus nietos.

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